Una vez soñé que estaba en el Cielo. Era sumamente hermoso, caminaba por encima de las nubes y escuchaba el aleteo de los ángeles, incluso llegaba a contemplar a Dios en lo alto del firmamento; pero me sentí tan triste y desdichada que los propios ángeles me soltaron y caí en un zarzal.
Una vez soñé que estaba en el Infierno, atrapada en un zarzal, y todo lo que veía era arena. Era un gran desierto bañado por un gran río de lava y azufre, los ángeles caídos revoloteaban y tapaban el cielo. Me sentí tan triste y desdichada que Lucifer se apiadó de mí y caí en medio del brezal.
Cuando me desperté estaba tumbada sobre el brezal; en un páramo inmenso bañado por una oscuridad infinita, rota por la tenue luz de la luna y las estrellas. Revoloteaban miles de mariposas a mi alrededor y sentía el aliento del viento. Me sentí tan feliz en mi velada nocturna que me quedé allí para siempre junto a Lilim.
Allí seguimos aún ahora, en nuestro propio paraíso; donde no hay nubes, ríos de lava y azufre, ángeles ni demonios... Simplemente estamos nosotras, donde siempre debimos estar, juntas bajo la luna y las estrellas. Por siempre y para siempre jamás.
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