Todos somos alguien, todos somos nada. Nadie puede conocerse a sí mismo, nunca vamos a ser capaces de comprendernos del todo. Lo sé, siempre lo he sabido pero a veces me olvido, a veces me olvido de reflexionar un poco sobre mí. Alguien me dijo... me dijo tantas cosas sobre sí mismo, de forma inconsciente, que no se ha dado cuenta que me ha hablado más de él de lo que se puede imaginar. También me ha hablado de mí, me ha hablado del miedo que yo siento y siempre voy a sentir. Me ha hablado de la soledad que nunca he sentido pero comprendo. Me ha hablado de la frustración propia y de las lágrimas del alma. Me ha hablado de mí hablando sobre él.
Sabes?? Si contase aquí lo desgraciada que llego a sentirme a veces o de todas las veces que intenté llorar y no pude, alguien se va a enfadar conmigo. Pero ese es el camino que yo quise seguir, es el que quiero continuar, siempre quise hablar de mí y de lo que siento. Estos dos años me ha callado y no sé por qué, quizás por el propio fruto de la madurez y de la necesidad de asentar la cabeza. No lo sé, pero me he mezclado tanto con los demás que no me reconozco cada vez que me miro en el espejo.
Pienso cosas que si las pensase hace años, me odiaría a mí misma por ello. Me odiaría más, porque odiar ya me odio. Me odio tantísimo que nadie se lo puede imaginar. Odio la mayor parte de las cosas de este mundo. Odio que me digan cómo tengo que comportarme, cómo tengo que reaccionar; odio tener que mezclarme con los demás y olvidarme a mí misma. No quiero.
No miento cuando digo que vivir con el ideal romántico es lo que más vida me ha aportado en todo mi paso por este mundo. Sentir lo que sentía era doloroso, realmente frustrante; antes lloraba casi todas las noches pero al menos antes estaba viva. Ahora ya no lo estoy. Ahora estoy siguiendo cosas que no sé por qué sigo, hago cosas que no sé por qué hago y cada cosa que me pregunto se responde con cualquier cosa.
Ya no hablo del alma, de lo que siente mi corazón; ya no hablo del significado de mis lágrimas o lo que me transmite la soledad de mi cuarto. Ya no hablo de arte propiamente dicho, simplemente leo y leo como una persona alienada. Es realmente triste, aunque parezca que lo triste es lo de antes en vez de lo de ahora.
Es triste que ya no me dedique tiempo para reflexionar. A partir de hoy, haré todo lo posible por dedicarme tiempo para mí, para mí misma. Tiempo para Lil y para mí, para las dos.
Gracias a alguien, al alguien a quien le prometo, y queda aquí escrito, que le hablaré de mí para ayudarle a que me hable de él. Ya le hablo de mí a Mochu y es cierto, pero tampoco le hablo tanto como debería, así que esto es una promesa, una promesa muy grande, una promesa a mi Mochu y a mis amigos: os hablaré de mí. Os voy a deprimir hablándoos de mí pero es la mejor forma que tengo de demostraros mi confianza.
A ese alguien, decirle que le voy a ayudar, aunque no quiera. Voy a ayudarle a liberarse de su carga interior, y me prometo a mí misma que me liberaré yo también de la mía. Para siempre.
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